La Ley de la Segunda Oportunidad se va conociendo cada vez más, pero también genera muchas dudas. Parte del problema es que se trata de un mecanismo jurídico relativamente reciente, con interpretaciones que en algunos casos dependen de los juzgados, y que además ha cambiado en varias ocasiones desde su aprobación.
Este es uno de los mitos sobre la ley de segunda oportunidad más extendidos, pero también uno de los más injustos. Muchas personas creen que si inician el procedimiento se quedarán sin casa, sin coche o sin nada a su nombre. La realidad es bastante diferente.
La Ley de la Segunda Oportunidad contempla dos formas de acceder a la exoneración, dependiendo de si tienes bienes o no:
Es la vía más rápida. Si no tienes bienes a tu nombre —o los que tienes no tienen valor real de mercado— el juzgado puede concederte la exoneración sin necesidad de vender nada y sin necesidad de un plan de pagos.
Es especialmente habitual en personas cuyos bienes son inembargables o no tienen valor suficiente para cubrir las deudas.
Aquí el mensaje es claro: Si no tienes patrimonio relevante, no lo vas a perder.
En caso de que tengas bienes a tu nombre, existen dos posibilidades:
El administrador concursal puede valorar vender parte del patrimonio.
Sin embargo, aquí hay un matiz importante: la ley no ordena liquidar todo automáticamente.
Solo se liquidan bienes que realmente aporten valor al concurso y no se toca aquello que:
Si tienes bienes esenciales —como la vivienda habitual, un coche necesario para trabajar o herramientas del negocio— puedes solicitar un plan de pagos de 3 a 5 años para conservarlos.
Pero para mantener un bien, debes demostrar ante el juzgado que:
Cuando el juez entiende que perder ese bien te impediría rehacer tu vida —como una vivienda que vale menos de lo que se debe de hipoteca, o un vehículo que usas para trabajar— es muy habitual que te permita conservarlo.
Es a la hora de justificar esa necesidad, cuando la experiencia de abogados expertos en la Ley de Segunda Oportunidad marca la diferencia.
Este mito se ha repetido durante años, pero es falso.
Desde la reforma de la Ley Concursal en 2022 y tal y como demuestran las resoluciones posteriores, la normativa permite exonerar la deuda pública con ciertos límites:
Es decir, hasta 20.000 € de deuda pública puede ser cancelada legalmente. Además, últimamente se está viendo la posibilidad de ampliar estas cifras en varios procedimientos abiertos ante los tribunales europeos.
Muchos autónomos que descartan esta ley por desconocimiento podrían beneficiarse de ella.
Esta idea es completamente errónea.
La insolvencia no significa “estar en paro”, sino no poder pagar las deudas con los ingresos actuales sin sacrificar tus gastos básicos.
Puedes tener nómina, ser funcionario o autónomo y aun así estar en situación de insolvencia si:
La mayoría de las personas que se acogen a esta ley tienen ingresos. Porque la ley está hecha precisamente para ayudar a quienes trabajan pero ya no pueden sostener su situación financiera.
Es normal sentirse abrumado cuando se menciona un procedimiento legal en los juzgados, pero la realidad es distinta.
Con el asesoramiento adecuado de abogados especializados, como los de Kubo Legal, el procedimiento es claro y guiado de principio a fin.
Hoy en día, la mayoría de solicitudes se resuelven en entre 6 y 12 meses, dependiendo del juzgado.
Otro mito frecuente es pensar que acogerse a esta ley es muy caro.
Pero no es así. Suele rondar los los 2.500 euros, aunque depende del importe de las deudas. En cualquier caso, los costes se fraccionan y se adaptan a la situación económica del deudor. Ya que la finalidad de este procedimiento es ayudar, no excluir.
Hay personas que se acogen con 8.000 € y otras con más de 800.000 €. Aunque debido al coste indicado anteriormente, la deuda tiene que ser suficiente para justificar esa inversión. Lo determinante en este proceso no es la cifra, sino que exista insolvencia.
Si no puedes pagar, si tus cuotas crecen, si estás atrapado por intereses o si recibes avisos de embargo, la ley puede ayudarte independientemente de cuánto debas.
Este mito surge porque cuanto más dinero te puedan perdonar, más justificados estarán los costes asociados del procedimiento.
Una vez se obtiene la exoneración:
La ley no te marca. Al contrario, te deja empezar sin la carga de las deudas.
En cuanto se presenta la solicitud, los embargos se detienen. Esto incluye embargos de nómina, cuentas bancarias o devoluciones pendientes.
Además, los bienes básicos y las herramientas necesarias para trabajar son inembargables.
Lejos de empeorar la situación, la ley ofrece protección inmediata.
La Ley de la Segunda Oportunidad funciona. No es perfecta, ni instantánea, pero es un mecanismo real para quienes necesitan un respiro y la posibilidad de empezar sin cargas.
Miles de personas ya han conseguido la exoneración de sus deudas gracias a ella.

Tanto si quieres acogerte a la Ley de la Segunda Oportunidad, como si buscas otra solución para tus deudas, en Repagalia podemos ayudarte. Analizamos tu caso sin compromiso y te acompañamos durante todo el proceso.
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