En esta guía te contamos de manera sencilla qué significa que una deuda esté prescrita, cuáles son los plazos que marca el Código Civil y qué opciones tienes cuando te reclaman una deuda.
Cuando se dice que una deuda ha prescrito, significa que ha pasado el tiempo que marca la ley para que puedan exigirte el pago por la vía legal. Dicho de otra manera, el acreedor ya no tiene el mismo poder de reclamarte el dinero porque se ha superado ese plazo.
El Código Civil fija esos plazos de prescripción según el tipo de deuda. No todas son iguales: no es lo mismo una deuda de una tarjeta de crédito que una deuda con Hacienda o con la Seguridad Social.
Aunque parecen lo mismo, no lo son. La prescripción supone que ya no pueden exigirte la deuda si ha pasado el plazo y nadie la ha reclamado. La caducidad, en cambio, es cuando un derecho se pierde por no haberse usado en el tiempo que corresponde.
En toda deuda hay dos partes: el deudor, que es quien debe el dinero, y el acreedor, que es quien lo reclama. Si ha pasado el tiempo establecido, el deudor puede sentirse más tranquilo, aunque en la práctica los acreedores a menudo sigan insistiendo.
El tiempo que tarda en prescribir una deuda no es siempre el mismo, depende del tipo de obligación que tengas pendiente. En general, las deudas personales y de consumo, como un crédito personal, una tarjeta de crédito o un préstamo rápido, prescriben a los cinco años.
En el caso de las deudas con Hacienda o con la Seguridad Social, el plazo es de cuatro años. Ahora bien, estas instituciones suelen iniciar procedimientos antes de que se cumpla ese tiempo, por lo que no es común que se dejen caducar.
Las facturas de servicios básicos, como la luz, el agua, el gas o el teléfono, tienen un plazo de prescripción más corto: tres años. Por último, las deudas hipotecarias se sitúan en el extremo contrario, ya que el plazo para que prescriban puede llegar hasta los veinte años.
Que te llegue una carta, una llamada o un mensaje por una deuda antigua es muy habitual. Lo primero es no agobiarte.
Mira bien desde cuándo no has hecho pagos y si en ese tiempo has recibido alguna notificación que interrumpa la prescripción. Es decir, si en esos años te recordaron o pidieron el pago, el tiempo vuelve a empezar de cero.
Ignorar los avisos no suele ser buena idea. Aunque pienses que la deuda está prescrita, lo mejor es mirar bien la información y actuar con calma.
En algunos casos, los acreedores usan un procedimiento llamado monitorio. Es una forma rápida de reclamar por vía judicial. Si no contestas, se da por válido lo que ellos dicen. Por eso es importante no dejarlo pasar y comprobar si realmente tu deuda ya estaba prescrita.
Si de verdad está prescrita y lo demuestras a tiempo, no deberían embargarte. El problema aparece cuando no contestas o no explicas tu situación: ahí es cuando el acreedor puede seguir adelante, y dependiendo de cuánto dinero debas, podrían iniciar un procedimiento de embargo judicial.
Hay situaciones que hacen que el tiempo de prescripción vuelva a empezar. Por ejemplo, si haces un pago parcial, reconoces que debes el dinero o recibes una notificación oficial que te recuerda la deuda.
Imagina que en 2017 dejaste de pagar una tarjeta de crédito y durante más de cinco años no recibiste ninguna comunicación del acreedor. Si en 2023 recibes una carta reclamándote esa deuda, ya estaría prescrita.
Cuando los acreedores te reclaman dinero, lo primero es recordar que tienes derechos. Nadie puede presionarte de forma abusiva y la ley establece plazos de prescripción que marcan hasta cuándo es posible exigir un pago. Sin embargo, aunque una deuda pueda estar prescrita, las empresas de recobro suelen insistir con llamadas y cartas porque saben que muchas personas terminan pagando solo para dejar de ser molestadas.
En cualquier caso, debes saber que es muy difícil que los acreedores dejen que las deudas prescriban y generalmente, las reclaman para poder reiniciar el plazo de prescripción.
La forma más eficaz de salir de esta situación no es esperar a que pase el tiempo, sino tomar el control de tus finanzas. Y aquí es donde entra en juego la reunificación de deudas que ofrecemos en Repagalia.
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